Hay días en los que nos cuestionamos si somos buenos o malos padres.
Sin pretender ahondar en la complejidad de definir estos juicios de valor para categorizar algo o alguien como bueno o malo, es posible que ser buen padre pueda tener varias definiciones y circunstancias, que no exista un molde de padre bueno o malo.
Tratando de encajar en ese molde mal definido, quizás no tanto como en ese carácter duro, autoritario e implacable. Kafka escribió unas cartas a su padre, que nunca leyó, pero que parecen pintar a un padre en ese molde. O tal vez como Ernst Hemingway, a quien reconocemos como un escritor brillante, boxeador entusiasta y muy enamorado, con relaciones complejas con sus hijos de sus diferentes esposas.
¿Cuánto tiempo para jugar?¿Cuánto tiempo para mostrar la crueldad del mundo?¿Cuánto y cómo enseñar la belleza de la vida? Esas y otras preguntas trato de resolver cada vez que me pregunto si me acerco a algún molde de padre bueno o malo.