El pequeño Danthe ha cumplido, hace unos meses, los 7 años.
Resulta que dice tener novia. Parece feliz. Hace unos días ganó dos partidas de ajedrez al buen "Gus", Gustavo González, maestro del violonchelo de la Orquesta Sinfónica Nacional de México.
En ocasiones gusta de enfermarse "poquito" para no tener que ir a la escuela. Como es habitual, por alguna infección respiratoria o gastrointestinal. Al compartir esas mañanas que poco tenemos la suerte de coincidir, caigo en los mismos dilemas de siempre: consentirlo mientras está enfermillo o trabajar en algunos de los temas escolares para que no se atrase.
¡Ya sé! está enfermo, pero obviamente es algo leve. Cuando está enfermo-enfermo, su cuerpo y cerebro no le da ni para estar despierto y sé que todo padre que ha visto a su hijo enfermo reconoce esa sensación de tristeza al no ver a su hijo haciendo sus travesuras y que esté de "visionudo" (como decía Papá Chano).
Sigo pensando si me dará tiempo de tratar de enseñarle a pensar por sí mismo, a tener un pensamiento crítico, a que siga estimulando su curiosidad, que nada le sea indiferente, que alcance una madurez intelectual...
¿Qué cosas escribo? Es probable que ni yo esté cerca de eso, por lo tanto, menos seré capaz de enseñarle. Por cierto, iniciaremos con las divisiones y ya no recuerdo bien como se resuelven...
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